Si aprendiéramos a controlar nuestros prejuicios, ¿cambiarían nuestras acciones y situaciones?

Cuando participo en sesiones de formación o workshops, una de las preguntas que hago a los participantes frecuentemente es ¿tenéis prejuicios?, y la respuesta que obtengo es muy diferente en función del público. Algunos aceptan que si, pero inmediatamente añaden un “todos los tenemos, no”, como justificándose, otros en los que aparecen unos pocos valientes que reconocen con algo de vergüenza que “en ocasiones los tengo”, pensado en alguna situación o colectivo de personas en concreto, pero habitualmente la respuesta grupal es un categórico “NO, no los tengo”. A partir de esa afirmación se desarrollan 20 minutos de discusión donde trato de acreditar que además de tenerlos todas las personas, se trata de una herramienta que puede ser de extrema utilidad, ya que trata de evitarnos problemas o riesgos mediante la identificación de patrones o situaciones que en un momento de nuestra vida previo “hemos aprendido que eso es de una manera determinada”, y para nosotros es una verdad incuestionable.

Pues a todos los que permitimos que nuestra tomas de decisión o, sencillamente, nuestro posicionamiento sobre determinadas cuestiones de nuestra vida, se vea influenciado por este aprendizaje, os dejo este video

y una reflexión, ¿Qué decisiones habrías cambiado de no tener este enorme filtro?

El punto negro de la hoja en blanco

Es habitual que los responsables y directivos nos focalicemos en todas aquellas cosas que se han realizado mal, que nos obsesionemos en dejar patente las debilidades de nuestros equipos y organizaciones. Hasta nos podemos recrear y reiterar en los errores para evidenciar lo nefastos que somos…¿resultado?, pues varios:

  1. El equipo se confronta
  2. Se acepta que efectivamente nuestra capacidad no es la que se requiera para la posición que ocupamos
  3. Baja la autoestima del grupo y de sus componentes
  4. Se incrementa la inseguridad y desconfianza
  5. Crece la burocracia con la intención de “cubrirse las espaldas” en el habitual supuesto de que “alguien vuelva a hacer mal su trabajo”

Si logramos que nuestro equipo sea consciente y orgulloso de todo aquello que hace bien, seguramente más del 95%, y no persistimos en el pequeño punto negro de la hora, podremos abordar con ilusión y ambición esa mejora sobre el 5%.

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Gracias Peter